LA CABALA HEBREA

LA CABALA HEBREA
Por Ángel Sierra Vallelado
Según muchos cabalistas, el mismo Dios enseñó la cábala a los ángeles después de la caída de Adam: el ángel Raziel transmitió al primer hombre sus verdades y misterios principales, y de este modo tuvieron conocimiento de ella los Patriarcas. Moisés la aprendió en el desierto y penetró hasta la puerta cuadragésima nona.
La ciencia de la cábala se divide en especulativa y práctica: la última es un cúmulo de supersticiones a propósito para hacer y obtener prodigios; la primera se subdivide en artificial o simbólica, natural o dogmática y real. La cábala artificial o simbólica se vuelve a dividir en gematria, notaricon y themura. La gematria (corrupción de geometría), indica por medio del valor de los números el sentido oculto de las palabras y de las relaciones que existen entre ellas. El notaricon consiste en notar las primeras o las últimas letras de cada palabra de una frase para descubrir el sentido oculto. La themura o permutacion cambia de lugar las palabras y frases para obtener otro sentido como en los anágramas.
La cábala dogmática se divide en ciencia de la mercaba y de la bereschith. Esta última trata del mundo sublunar, esto es, de los fenómenos: la mercaba, del supralunar, esto es, de la teología y la metafísica. Las explicaciones de la mercaba son muy variadas y oscuras. Los sephiroth son diez nombres o atributos a Dios que componen el árbol cabalistico.
En general el nombre de cábala despierta la idea de una especie de magia, a la cual condujeron las especulaciones de los filósofos cabalistas. El que desciende a estas particularidades encuentra una multitud de absurdos sin fundamento, y por consiguiente indignos de ocupar la atención de un filósofo. Nosotros nos limitaremos a exponer sus principios generales y las formas de que fueron revestidos; porque se dan la mano con las teorías de los Orientales relativas al modo de ser producidas unas deidades por otras, y con las de Pitágoras y Platon, según habían sido reproducidas por las escuelas eclécticas del período alejandrino.
Explicaban pues la unidad y el desarrollo del universo por medio de una inmensa circulación. Un artista, al ver una estatua de bronce, no contento con raciocinar sobre sus proporciones, quiere considerarla aun en el estado de fusión en que se encontraba antes de llegar por los canales al molde en que se quedó modelada. Del mismo modo los cabalistas, cuando observan el universo, quieren conocer cómo era cuando se hallaba en estado de fusión, es decir, cuando era una sustancia incomprensible al hombre, sin limites determinados.
Esta sustancia es el Or Hoensoph, luz de lo infinito, pura, brillante y divina: ensófica en un principio, lo llenaba todo y era en todas sus partes idéntica, pero incluía en si la virtud de producir exteriormente un numero incalculable de atributos y de propiedades. Por medio de esta virtud se verificó la creación. ¿Pero cómo se formó e lugar (makom) o espacio destinado para servir de teatro a la creación? La sustancia ensófica que no dejaba espacio o nada mas que a su propia naturaleza, verificó sobre si misma dos movimientos. Uno que era de contracción, se efectuó en su seno y produjo un inmenso vacío orbicular en el cual quedaron a diversas distancias puntos luminosos para denotar el lugar preciso de los mundos futuros. Creado así el teatro del universo, se efectuó un nuevo movimiento contrario al primero, es decir, de expansión, el cual volvió la sustancia ensófica al espacio orbicular que había quedado vacío... Por una multitud de emaciones (oroth), y canales (kelim), y de sus cruzamientos, la materia ensófica llenaba nuevamente el espacio que había dejado vacío con su contracción; pero le llenaba con condiciones diversas de su primera inmovilidad, moviéndose y desarrollando todas las propiedades, potencias y resplandores, cuyo último resultado era producir el universo y todos los mundos que le componen.
Respecto a la moral y a la religión se enseñaba en aquella hipótesis, que el hombre debe hacer todo lo posible para disminuir con la fuerza de su pensamiento y la santidad de su alma el intervalo que le espera del foco supremo, esto es, de Dios, y a llegar a ser vaso de elección, capaz de atraer a si y comunicar a otros los rayos de la ciencia ensófica, directamente venidos de lo alto y dotados de las cualidades mas espirituales y puras.
Además de las treinta y dos puertas o diversidades de acción asignadas a la inteligencia, los cabalistas admitían cinco almas en lugar de una, o mas bien cinco potencias o desarrollos del alma, que se acomodaban a la naturaleza de las cuatro clases concéntricas de los mundos y a la materia ensófica, extendiéndose desde la existencia enteramente física del individuo hasta el grado de elevación en que éste se identifica con el mismo Dios.
Del mismo modo que los números de Pitágoras, las emanaciones especulativas de la cábala dieron lugar a abusos extraños y a aplicaciones teúrgicas. En el estilo de los libros santos, y en la forma o disposición de alguna palabra o letra de aquellos libros, decían que se debía hallar alguna razón poderosa que estuviera en relación con las leyes, según las cuales su autor había creado y distribuido la obra universal.
Se tiene por muy antiguo el uso de estas especulaciones y de las prácticas que de ellas se derivan. Los Hebreos decían que los que se dedicaban a éstas trataban de conocer a Dios en la obra de bereschith, esto es, de la generación o de la creación visible, y que los sectarios de las tradiciones especulativas querían conseguirlo en la obra de la mercabak, o del carro misterioso de Ezequiel, o sea en la parte de la creación que la debilidad de nuestros sentidos no puede alcanzar, porque está compuesta de la misma creencia y se halla constituida según las mismas leyes del precedente.
El rabino Akiba Gepher en el Jetsirah o libro de la creación dejó escritas por primera vez, según se cree, algunas de sus teorías misteriosas que solo se trasmitían de viva voz. Habiendo muerto el año 138 en la insurrección de Barcochebas, Simeon Bar Jocai, su discípulo, adquirió mayor fama por el libro titulado Zohar, o esplendor, y que es uno de los mas oscuros y embrollados. En la edad media la cábala tuvo mucha influencia en las ciencias, descubriéndose sus huellas mas tarde en Paracelso, Fludd, Van Helmont y Bohme. -Tenneman quiere que Raimundo Lulio sacase de la cábala su creencia de la identidad de Dios y de la naturaleza; pero dudamos que fuese esta la opinión del filósofo mallorquín, el cual fue un apóstol tan celoso del cristianismo. Pico de la Mirandola hizo revivir la cábala, y el fue quien dio este nombre al conjunto de tales doctrinas, y en virtud de su ingenio y del de Reuclin, la cábala excitó el interés general, y llamó la atención de los eruditos. Cornelio Agripa la admiró en un principio, después dudó de ella, como de todo lo demás. Guillermo Postel, Pistorio y otros se ocuparon de ella sin contribuir a sus progresos. Justiniano de Voysin tradujo en 1651 algunos fragmentos del Zahar relativos a la naturaleza del alma. El P. Kircher solo conoció cabalistas modernos, los que en su mayor parte se atuvieron a la letra muerta y a símbolos vacíos de sentido.
El trabajo mas importante fue la kabala desnudata de Cristiano Knorr, baron de Rosenroth, impresa en Francfort en los años 1677 a 1683 en tres tomos de 2,600 páginas. El autor reunió en esta obra muchísimos escritos preciosos, entre los que figuraban principalmente los tres fragmentos mas antiguos del Zohar, traducidos fielmente: además análisis extensos, muchos extractos, tratados enteros de cabalistas modernos, un diccionario de materias y otro de las palabras mas notables. Copió también en ella muchos pasajes del Nuevo Testamento para confrontarlos con las doctrinas cabalísticas, queriendo ponerlas en armonía con el cristianismo. Aunque este libro no es en realidad un tratado de cabalística, sino mas bien una colección de materiales, hizo que dicha materia cesase de considerarse como una ciencia oculta, y que ocupase un puesto en la filosofía, en la filología y en la teología racional. También son importantes el Diccionario histórico de autores hebreos de Rossi y la Bibliotheca magna rábbinica de Bartolocci.
Wachter en su Spinosimus in judaísmo admira tanto la antigua cábala como desprecia la nueva. Brucker fue el primero que asignó a ésta un lugar en la historia de la filosofía, valiéndose para ello de las disertaciones del rabino portugués Abraham Cohen Ferreira. Otro tanto hicieron Tennemann y Tiedemann-. Freystadt en el Kabalismus et Pantheismus (Konigsberg, 1832) se propuso la extraña tesis de que no hay semejanza entre el panteísmo y el sistema de la emanación seguido por los cabalistas. Después del Sr. Tholuck vino el profesor Franck La Kabala o la filosofía, religiosa de los hebreos, (París, 1843) manifestando la relación que existe entre los antiguos cabalistas y los Panteistas de hoy, aunque estos pueden muy bien no haber deducido nada de la cábala.
De esta hipótesis dedujo la suya el famoso judío Espinosa, que proclamó: “La naturaleza es Dios; el hombre no puede haber nacido malo, de lo contrario, sería menester concluir que Dios es malo; y todo se confunde en Dios”.
La cábala práctica multiplica las ya minuciosas prescripciones de Moisés, hasta el punto de darles preponderancia sobre la moral-. De ella proceden igualmente las aplicaciones teúrgicas, las prácticas supersticiosas y los delirios a que posteriormente condujo esta ciencia a los ingenios-. Así pues aquel pueblo que antes que someterse a un señor dejó destruir su patria, se inclinó en el destierro al yugo de maestros supersticiosos, de los cuales sin embargo se apartan los mejores de sus individuos, conservando la integridad de la tradición, a pesar de que no se han mantenido libres de los delirios de estos místicos ni aun sus oraciones.
Fuente: Niceto Alonso Perujo. Sobre la Vida Futura. Editorial Gaspar. Madrid 1880.